La ultraderecha alemana logró este domingo uno de sus resultados electorales más fuertes desde el final de la Segunda Guerra Mundial.
Alternativa para Alemania (AfD) obtuvo 43.8% de los votos en las elecciones estatales de Sajonia-Anhalt, más del doble que la Unión Demócrata Cristiana (CDU), que quedó en segundo lugar con 17.2%. El resultado oficial provisional coloca a AfD con 39 de los 83 escaños del parlamento regional, apenas tres por debajo de la mayoría absoluta.
La victoria no convierte automáticamente a AfD en gobierno, pero sí coloca al partido más cerca que nunca de encabezar un estado alemán.
Y eso, en Alemania, tiene un peso histórico difícil de exagerar.
¿Quién es Ulrich Siegmund?
El rostro de esta victoria es Ulrich Siegmund, de 35 años, nacido en Havelberg, comerciante de formación, empresario y diputado regional desde 2016.
De acuerdo con la biografía oficial del Parlamento de Sajonia-Anhalt, estudió Psicología Económica y Administración de Empresas, trabajó en ventas y desde 2014 dirige una empresa de marketing. También forma parte de la dirección estatal de AfD.
Siegmund se ha convertido en una de las figuras con mayor proyección dentro de la derecha radical alemana.
Su estilo de campaña ha sido distinto al de los dirigentes más confrontativos del partido. Ha buscado proyectar una imagen más joven, cercana y menos agresiva, utilizando intensamente redes sociales y símbolos de identidad de la antigua Alemania Oriental.
Pero detrás de esa imagen hay una agenda política mucho más dura.
¿Qué propone?
Uno de los principales ejes de Siegmund es la “remigración”, término utilizado por sectores de AfD para referirse a una política de expulsión y reducción de la inmigración.
En una entrevista durante la campaña, Siegmund explicó que por remigración entiende el regreso de personas que se encuentran ilegalmente en Alemania, delincuentes extranjeros y una reorganización general de la política migratoria. Incluso propuso crear un responsable específico de remigración dentro del gobierno estatal.
La agenda de AfD en Sajonia-Anhalt también se concentra en temas de migración, identidad nacional, familia y memoria histórica, además de una política exterior favorable a recuperar vínculos más estrechos con Rusia.
No se trata únicamente de una descripción hecha por adversarios políticos.
La propia Oficina para la Protección de la Constitución de Sajonia-Anhalt —el organismo de inteligencia interior del estado— clasificó al capítulo regional de AfD como una organización confirmadamente extremista de derecha.
La autoridad sostiene que parte de su discurso político entra en conflicto con principios básicos de la Constitución alemana, especialmente la dignidad humana y el principio democrático. AfD rechaza estas clasificaciones y sostiene que tienen motivaciones políticas.
¿Cómo pasó AfD de ser un partido pequeño a esto?
AfD nació en 2013, y originalmente no tenía como principal bandera la inmigración.
Su primera gran causa fue el rechazo a las políticas de rescate financiero de la zona euro.
Con los años cambió profundamente.
La Agencia Federal para la Educación Cívica de Alemania señala que la organización evolucionó desde una formación liberal-conservadora y euroescéptica hacia posiciones cada vez más nacionalistas, populistas y, en algunos sectores, de extrema derecha.
En 2017 entró por primera vez al Bundestag, el Parlamento federal alemán, con 12.6% de los votos.
Para 2025 ya había alcanzado 20.8%, convirtiéndose por primera vez en la segunda fuerza política nacional, según el resultado oficial de la elección federal.
Sajonia-Anhalt muestra ahora otro salto:
43.8%.
Es decir, ya no hablamos únicamente de un partido protesta ubicado en los márgenes.
En algunas regiones de Alemania, AfD está compitiendo directamente por gobernar.
¿Por qué Sajonia-Anhalt importa si es “solo” un estado?
Porque Alemania es una república federal.
Sus 16 estados tienen parlamentos, gobiernos y competencias propias en áreas importantes como educación, seguridad interior, cultura y administración pública.
Sajonia-Anhalt tiene unos dos millones de habitantes y forma parte de la antigua Alemania Oriental.
Y ahí existe otro elemento clave para entender el resultado.
Más de tres décadas después de la reunificación de 1990, siguen existiendo diferencias económicas, demográficas y sociales entre partes del este y el oeste del país.
AfD ha encontrado buena parte de su fuerza precisamente en el este.
No es la primera vez que gana una elección regional: en Turingia en 2024 ya había quedado en primer lugar con 32.8% de los votos. Sin embargo, los demás partidos lograron impedir que encabezara el gobierno.
En Sajonia-Anhalt la diferencia es la magnitud.
AfD quedó muy cerca de controlar por sí sola el parlamento regional.
El peso de la historia alemana
En cualquier otro país europeo, el ascenso de un partido de derecha radical sería relevante.
En Alemania tiene además una carga histórica especial.
Después de la caída del régimen nazi en 1945, la República Federal construyó buena parte de su sistema democrático alrededor de la idea de impedir que fuerzas abiertamente antidemocráticas volvieran a controlar las instituciones.
Por eso existe lo que en la política alemana se conoce como el “cortafuegos”: el acuerdo político, no escrito en una ley, mediante el cual los partidos tradicionales se niegan a formar gobiernos con AfD.
Ese muro sigue vigente por ahora.
La CDU ha reiterado que no gobernará con AfD.
El problema es matemático: cuanto más crece el partido, más difícil resulta formar mayorías sin él.
Ahí está una de las verdaderas consecuencias de esta elección.
AfD puede no gobernar hoy, pero obliga al resto del sistema político a construir coaliciones cada vez más complejas para mantenerla fuera del poder.
¿Estamos viendo un regreso al pasado?
Hacer una comparación directa entre AfD y el Partido Nazi sería históricamente impreciso.
La Alemania de 2026 tiene instituciones democráticas consolidadas, elecciones libres, tribunales independientes, una Constitución moderna y una sociedad completamente distinta de la Alemania de los años treinta.
Pero tampoco puede ignorarse la razón por la que este avance provoca inquietud.
La política alemana de posguerra se construyó precisamente sobre un consenso amplio contra el nacionalismo extremo, el racismo y la erosión de las instituciones democráticas.
El hecho de que una organización clasificada por la inteligencia regional como extremista de derecha obtenga cerca de 44% de los votos rompe uno de los grandes supuestos políticos de la Alemania posterior a 1945: que una fuerza situada tan a la derecha difícilmente podría acercarse al poder.
Y Alemania no está aislada
El resultado también forma parte de un cambio más amplio.
En distintos países de Europa y otras regiones del mundo han ganado terreno movimientos que cuestionan el modelo político dominante de las últimas décadas y colocan en el centro temas como inmigración, fronteras, soberanía nacional, identidad cultural y rechazo a las élites tradicionales.
En Alemania, ese descontento se mezcla además con dificultades económicas, costos de energía, envejecimiento de la población, guerra en Ucrania, migración y una creciente desconfianza hacia los partidos tradicionales.
AfD ha logrado convertir buena parte de ese malestar en votos.
La pregunta ya no es solamente si el partido seguirá creciendo.
Es qué ocurrirá si llega el momento en que las demás fuerzas políticas ya no puedan formar un gobierno sin contar con él.
Sajonia-Anhalt todavía no responde esa pregunta.
Pero la dejó mucho más cerca.
