Donald Trump volvió a colocar la política espacial estadounidense en la conversación pública con una imagen publicada este domingo 6 de septiembre en su cuenta de Truth Social.
La fotografía muestra la superficie lunar, la Tierra al fondo y una bandera de Estados Unidos junto a cuatro palabras:
“The Moon Is Ours” —“La Luna es nuestra”—.
La publicación puede interpretarse como una expresión política o propagandística sobre las ambiciones espaciales estadounidenses.
Jurídicamente, sin embargo, la situación es diferente.
Ningún país puede apropiarse de la Luna
El Tratado sobre el Espacio Ultraterrestre de 1967, uno de los principales instrumentos del derecho internacional espacial, establece expresamente que el espacio exterior, incluida la Luna y otros cuerpos celestes, no está sujeto a apropiación nacional mediante reclamación de soberanía, ocupación, uso o cualquier otro medio.
Estados Unidos ratificó ese tratado en 1967.
Esto significa que colocar una bandera, enviar astronautas, construir instalaciones o realizar misiones científicas no convierte una zona de la Luna en territorio estadounidense.
La misma regla aplica para cualquier otro país.
Explorar no es lo mismo que ser propietario
Estados Unidos sí mantiene un ambicioso programa para regresar seres humanos a la Luna mediante Artemis, junto con decenas de socios internacionales.
Los Acuerdos Artemis, impulsados por NASA y el Departamento de Estado, también reconocen el Tratado del Espacio Ultraterrestre y mantienen el principio de que la exploración debe realizarse con fines pacíficos.
Existe, sin embargo, una diferencia jurídica importante respecto a los recursos.
Los acuerdos sostienen que extraer y utilizar recursos lunares no constituye necesariamente apropiarse del territorio lunar, siempre que esas actividades sean compatibles con el Tratado del Espacio Ultraterrestre.
En términos sencillos, un país puede defender el derecho a utilizar determinados recursos obtenidos durante una misión sin afirmar que la región de donde fueron extraídos pertenece a ese país.
Entonces, ¿la Luna es de Estados Unidos?
No.
La publicación de Trump no modifica ninguna obligación internacional ni constituye por sí misma una reclamación jurídica válida de soberanía.
Estados Unidos puede explorar la Luna, enviar astronautas, construir infraestructura y desarrollar proyectos científicos junto con otros países.
Lo que no puede hacer bajo el tratado que ratificó es declarar a la Luna —o una parte de ella— territorio estadounidense.
Por ahora, la frase “The Moon Is Ours” pertenece más al terreno del mensaje político que al de la propiedad territorial.
