En Mexicali no estamos hablando solamente de “que se fue la luz”
Quienes vivimos aquí sabemos que una interrupción eléctrica durante el verano no es una incomodidad menor.
No es solamente dejar de ver televisión o quedarse sin internet. Es perder el aire acondicionado cuando el termómetro ronda los 46 grados; es ver cómo aumenta la temperatura dentro de la casa; es preocuparse por los adultos mayores, los niños, las mascotas, los medicamentos y la comida que comienza a echarse a perder.
Y cuando el servicio tarda seis, siete u ocho horas en regresar, resulta difícil aceptar que se nos diga que no fue un apagón, sino una “interrupción”.
Podrán llamarlo como quieran. Para quien está encerrado en una vivienda convertida en horno, el problema es exactamente el mismo.
No, no todo es culpa de este gobierno
Sería poco serio decir que toda la red eléctrica de Mexicali se deterioró durante una sola administración.
Tenemos postes, transformadores, cableado y circuitos que llevan años —en algunos casos décadas— operando bajo condiciones extremas. La ciudad creció, aumentaron las viviendas, comercios, industrias y aparatos eléctricos, pero buena parte de la red de distribución no creció al mismo ritmo.
También hay fallas causadas por choques contra postes, vandalismo, ramas, animales, conexiones irregulares y daños externos. Autoridades estatales señalan que muchas interrupciones breves tienen ese origen.
Pretender que cada falla es producto directo de una decisión del gobierno actual sería simplificar demasiado un problema acumulado durante años.
Pero el gobierno sí tiene responsabilidad
Que el deterioro venga de administraciones anteriores no elimina la responsabilidad de quien gobierna hoy.
El calor en Mexicali no llega por sorpresa. No aparece de pronto en julio como un fenómeno impredecible. Todos los años sabemos que la demanda eléctrica aumentará de forma brutal entre mayo y septiembre.
Por eso molesta que el reemplazo de postes, las reparaciones y los trabajos fuertes se intensifiquen cuando las temperaturas ya son extremas y la población se encuentra bajo alertas sanitarias.
En 2026 comenzó un programa para sustituir alrededor de cuatro mil postes de madera por estructuras de concreto; para junio se habían reemplazado unos 500.
La inversión es necesaria y debe reconocerse. Pero también cabe preguntar:
¿Por qué se esperó hasta que la infraestructura estuviera tan deteriorada?
¿Por qué los trabajos más visibles coinciden otra vez con la temporada de mayor riesgo?
El mantenimiento preventivo debe hacerse antes del verano, no cuando una colonia completa ya lleva horas sin electricidad.
Sí se ha invertido, pero generar más energía no resuelve por sí solo la distribución
En mayo comenzó a operar la Central de Ciclo Combinado González Ortega, ubicada en el Valle de Mexicali. La obra cuenta con una capacidad instalada superior a 700 megawatts e incluye dos subestaciones eléctricas.
Eso representa un avance importante porque aumenta la capacidad de generación disponible para Baja California.
Pero aquí está una de las claves del problema:
Una cosa es tener energía disponible y otra lograr que llegue de manera confiable hasta cada colonia y vivienda.
El propio sector empresarial y autoridades locales han advertido que las fallas continúan concentrándose en la distribución: subestaciones, transformadores, postes, conductores y circuitos que no siempre soportan la demanda actual.
Es como aumentar el agua disponible en un depósito, pero intentar distribuirla por tuberías viejas, pequeñas o dañadas.
La planta nueva ayuda. No obstante, por sí sola no repara el transformador de una colonia ni sustituye una línea saturada.
¿Qué se está haciendo?
Hasta ahora se han anunciado o iniciado varias acciones:
- Entrada en operación de la Central González Ortega.
- Construcción de dos subestaciones asociadas con la planta.
- Sustitución de aproximadamente cuatro mil postes antiguos en Mexicali.
- Inversiones adicionales en redes de distribución.
- Un programa nacional de CFE para renovar postes, conductores y equipos de protección durante 2026.
También se ha hablado de inversiones cercanas a dos mil millones de pesos para infraestructura eléctrica en Mexicali durante 2026, aunque representantes públicos han reconocido que esa cantidad todavía no resulta suficiente frente al rezago existente.
¿Qué falta?
Falta algo más importante que anunciar cifras: un programa local claro, verificable y con fechas.
Los habitantes necesitamos saber:
- Qué colonias tienen los circuitos más saturados.
- Cuántos transformadores serán reemplazados.
- Qué subestaciones serán ampliadas.
- Qué trabajos se harán antes del próximo verano.
- Cuándo concluirá la sustitución de postes.
- Cuántas interrupciones se registran realmente.
- Cuánto duran y cuál fue su causa.
- Qué autoridad dará seguimiento a los compromisos.
No basta con decir que hubo inversión. Necesitamos saber si esa inversión reducirá las horas sin servicio y cómo se medirá el resultado.
Y nosotros tampoco estamos completamente fuera del problema
Esta es la parte que quizá no nos gusta escuchar.
En muchas viviendas de Mexicali hemos ido agregando minisplits, refrigeradores, congeladores, hornos eléctricos, bombas, secadoras, computadoras y cargadores sobre instalaciones diseñadas hace veinte o treinta años.
A veces cambiamos un aire acondicionado pequeño por uno más potente sin revisar:
- El calibre de los cables.
- La capacidad del centro de carga.
- Los interruptores.
- El estado de las conexiones.
- La carga total de la vivienda.
- Si el minisplit tiene un circuito independiente.
Cuando una instalación interna está mal dimensionada, se calienta, consume de manera ineficiente, provoca caídas de voltaje y aumenta el riesgo de cortocircuito o incendio.
Eso no significa que una casa por sí sola provoque el apagón de toda una colonia. Pero miles de hogares utilizando equipos de alto consumo simultáneamente sí elevan la demanda sobre transformadores y circuitos ya debilitados.
¿Qué podemos hacer para no agravar la sobrecarga?
No se trata de decirle a la gente que apague el aire acondicionado cuando afuera hay 46 grados. Eso sería absurdo y hasta peligroso.
Se trata de usar la energía de forma más inteligente:
Revisar nuestra instalación eléctrica
Un electricista calificado puede comprobar si el cableado, los interruptores y el centro de carga soportan los aparatos instalados actualmente.
Especialmente si la casa tiene muchos años o se le han agregado equipos sin actualizar la instalación.
Dar mantenimiento al aire acondicionado
Un minisplit con filtros sucios, serpentines obstruidos o poco refrigerante tarda más en enfriar y permanece encendido durante más tiempo.
Eso aumenta el consumo sin mejorar realmente el confort.
No encender todo al mismo tiempo
Durante las horas de mayor demanda conviene evitar, cuando sea posible, utilizar simultáneamente secadora, horno eléctrico, plancha, lavadora y otros equipos de alto consumo.
No porque la población sea responsable del deterioro de la red, sino porque reducir picos innecesarios sí ayuda a no presionar aún más una infraestructura saturada.
Corregir fugas de aire y exposición solar
Sellar puertas y ventanas, utilizar cortinas térmicas, sombrear ventanas y mejorar el aislamiento ayuda a que el aire acondicionado trabaje menos.
Reportar riesgos antes de que fallen
Postes inclinados, transformadores que producen chispas o zumbidos extraños, cables bajos y conexiones clandestinas no deben ignorarse hasta que ocurra una interrupción.
La responsabilidad no puede trasladarse solamente al ciudadano
Ahorrar energía, mantener nuestros aparatos y revisar la instalación de la vivienda ayuda.
Pero no sustituye la obligación de CFE y de las autoridades de garantizar una red capaz de atender una ciudad que vive temperaturas extremas.
No sería justo decirle a la población:
“Se fue la luz porque todos prendieron el aire”.
Claro que todos lo prendimos. Estamos en Mexicali. El sistema eléctrico debe planearse precisamente para soportar la demanda previsible de Mexicali.
Aquí va el contexto
Los apagones actuales no tienen una sola causa.
Son el resultado de una combinación de:
- Infraestructura envejecida.
- Mantenimiento insuficiente o tardío.
- Crecimiento urbano.
- Mayor cantidad de aparatos por vivienda.
- Redes de distribución saturadas.
- Accidentes y vandalismo.
- Instalaciones domésticas que no se han actualizado.
- Temperaturas cada vez más extremas.
La nueva planta, las subestaciones y el reemplazo de postes son avances reales. Pero no significan que el problema esté resuelto, y las propias autoridades y representantes empresariales han reconocido que las interrupciones continuarán mientras no se fortalezca toda la red de distribución.
No todo es culpa del gobierno actual. Pero gobernar también significa recibir problemas antiguos y resolverlos antes de que vuelvan a poner en riesgo a la población.
Y a nosotros nos corresponde revisar nuestras instalaciones y consumir con responsabilidad, no para eximir a la autoridad, sino para reducir la parte de la sobrecarga que sí depende de nuestros hogares.
