Durante años metimos tecnología a las escuelas con la idea de que entre más pantallas hubiera, más moderna sería la educación.
Pero algo está cambiando.
Francia, Inglaterra, Brasil y decenas de países están restringiendo los celulares dentro de las escuelas. Y no es solamente porque los alumnos estén mandando mensajes mientras el maestro explica.
La preocupación empieza a ir mucho más lejos: atención, concentración, memoria, comprensión y capacidad para resolver problemas.
Y sí, ya existen estudios que nos obligan por lo menos a hacernos algunas preguntas.
La OCDE encontró en PISA que alrededor del 30% de los estudiantes dice distraerse con dispositivos digitales durante la mayoría o todas sus clases de matemáticas. Los alumnos que reportaron estas distracciones obtuvieron, en promedio, 15 puntos menos en matemáticas, incluso después de considerar diferencias socioeconómicas entre estudiantes y escuelas.
Y esto se pone todavía más interesante.
Una revisión científica publicada en 2024 analizó estudios de neuroimagen realizados en adolescentes y adultos jóvenes con uso problemático o adictivo de internet y teléfonos inteligentes. Encontró asociaciones con alteraciones en procesos relacionados con el control cognitivo, las funciones ejecutivas y el procesamiento de recompensas.
Dicho en cristiano: hablamos de algunas de las capacidades que usamos para poner atención, controlar impulsos, tomar decisiones, organizar información y mantenernos concentrados en una tarea.
Pero tampoco sería correcto decir que agarrar mucho el teléfono “daña el cerebro” y asunto resuelto.
La ciencia todavía está estudiando qué es causa y qué es consecuencia. Incluso investigaciones sobre si tener el celular simplemente junto a nosotros reduce nuestra capacidad mental han obtenido resultados contradictorios: un famoso estudio encontró disminuciones en memoria de trabajo y razonamiento, pero posteriormente hubo experimentos que no lograron reproducir completamente ese efecto.
Entonces el celular no se convirtió mágicamente en el villano.
El problema parece estar principalmente en cómo lo usamos y cuánto dependemos de él.
📖 Y resulta que el viejo libro todavía tiene algo que enseñarnos
Aquí hay otro dato que me llamó muchísimo la atención.
Un metaanálisis reunió estudios realizados entre 2000 y 2017 con más de 170 mil participantes y encontró una pequeña pero consistente ventaja de la lectura en papel sobre la lectura digital para comprender textos.
La diferencia se vuelve particularmente evidente cuando existe límite de tiempo y cuando estamos leyendo textos informativos.
Otro metaanálisis independiente llegó a una conclusión similar: la comprensión lectora fue mejor en papel que en pantalla, aunque la velocidad de lectura no mostró una diferencia importante.
Y aquí hay algo que seguramente muchos hemos hecho sin darnos cuenta.
En una pantalla brincamos entre una notificación, un mensaje, un enlace, un video, otro mensaje…
Leemos.
Pero no necesariamente nos detenemos a procesar.
Y aprender requiere justamente eso.
🌎 Otros países ya dijeron: el celular se queda fuera
Esto tampoco es solamente una discusión entre maestros y papás.
UNESCO lleva años siguiendo las restricciones de celulares en escuelas alrededor del mundo. A finales de 2024 eran 79 sistemas educativos.
Para marzo de 2026 ya eran 114: aproximadamente 58% de los países monitoreados.
Francia dio un paso todavía mayor este ciclo escolar: desde el inicio de clases de 2026, la prohibición se extendió desde preescolar hasta bachillerato. El propio Ministerio de Educación francés señala entre sus razones los efectos del exceso de pantallas sobre la atención, la concentración y la construcción del pensamiento crítico.
En Inglaterra, desde este septiembre las escuelas deben trabajar bajo una guía oficial que establece que deberían ser, por regla general, espacios libres de teléfonos durante toda la jornada, incluyendo clases, cambios de aula, recreos y comida.
Brasil también aprobó en 2025 una ley nacional que regula el uso de celulares dentro de las escuelas con el objetivo de conseguir un ambiente más enfocado en el aprendizaje.
Entonces tal vez la pregunta ya no sea si la tecnología es buena o mala.
Por supuesto que es útil.
Tenemos prácticamente todo el conocimiento humano disponible en un aparato que cabe en la bolsa.
La pregunta es otra:
¿Qué pasa cuando nos acostumbramos tanto a obtener una respuesta inmediatamente que dejamos de ejercitar el proceso de buscarla, pensarla, relacionarla y resolverla?
Porque una calculadora puede resolver una multiplicación.
Google puede encontrar una fecha.
La inteligencia artificial puede explicar un tema.
El celular puede recordar nuestros pendientes.
Pero pensar, comprender, cuestionar y razonar siguen siendo habilidades que tenemos que ejercitar nosotros.
Y después de ver los resultados de PISA que comentábamos ayer, tal vez valga la pena preguntarnos si el debate educativo debería incluir también algo mucho más cercano:
¿Cuánto tiempo pasan nuestros hijos realmente aprendiendo y cuánto tiempo pasan simplemente mirando una pantalla?
